En Japón, se cree que ciertos años de la vida tienen un peso espiritual mayor. Es probable que hayas oído que tu año zodiacal —el año en que cumples un múltiplo de 12— es un momento especialmente propicio. Por otro lado, es más probable que el infortunio aparezca durante los años conocidos como yakudoshi. La costumbre del yakudoshi, que se traduce como “año de mala suerte”, representa creencias ancestrales que siguen influyendo en la manera en que muchas personas marcan los hitos importantes de la vida, desde cambios de carrera hasta el matrimonio. Aunque no se basa en la ciencia, el yakudoshi sigue siendo una idea cultural profundamente arraigada, cuyo fin no es infundir miedo, sino fomentar la reflexión y el cuidado.

¿Qué es el Yakudoshi?

El término “yakudoshi” (厄年), escrito con los kanjis de “calamidad” y “año”, se refiere a edades que se consideran periodos de baja fortuna, en los que es más probable que ocurran accidentes, enfermedades o problemas inesperados. Estas edades se calculan utilizando el kazoedoshi, el sistema tradicional japonés en el que una persona tiene un año de edad al nacer y suma un año cada día de Año Nuevo.

Las edades de yakudoshi más aceptadas varían según el género. Para los hombres, son los 25, 42 y 61 años; para las mujeres, los 19, 33, 37 y 61. Entre estas, los 42 años para los hombres y los 33 para las mujeres se consideran especialmente serios y a menudo se denominan tai-yaku, o “gran infortunio”. El año anterior a un yakudoshi se llama maeyaku (pre-yakudoshi), mientras que el año posterior es el atoyaku (post-yakudoshi), formando así un ciclo de precaución de tres años.

A pesar de su reputación ominosa, los años de yakudoshi no se ven como una garantía de mala suerte. Más bien, se entienden como épocas en las que las personas deben vivir con un poco más de cuidado, tanto física como mentalmente.

Los orígenes del Yakudoshi

Los orígenes exactos del yakudoshi no están claros, pero aparecen referencias ya en el periodo Heian (794–1185), en literatura clásica como La historia de Genji. Durante esta era, las creencias basadas en el onmyodo —un antiguo sistema que combina cosmología, la teoría del yin y el yang y prácticas espirituales— moldearon la forma en que la gente entendía el destino y el flujo de energía a lo largo de la vida humana.

El yakudoshi se extendió inicialmente entre la aristocracia antes de popularizarse durante el periodo Edo, cuando estas costumbres se arraigaron en la población general. Se pensaba que ciertas edades coincidían con cambios importantes en la energía vital de una persona, haciéndola más vulnerable al infortunio.

Algunas explicaciones son más simbólicas que espirituales. Por ejemplo, se citan juegos de palabras desafortunados como razón por la cual los 42 y 33 años se consideran yakudoshi; el número 42, al pronunciarse “shi-ni”, es fonéticamente idéntico a la palabra para “muerte”, mientras que el 33, pronunciado “san-zan”, suena igual a la palabra para “desastroso”. Otra perspectiva es que muchas edades de yakudoshi coinciden con periodos de grandes cambios sociales y físicos —un aumento de responsabilidad en el trabajo, el parto y la crianza de los hijos o el estrés que conlleva el envejecimiento— lo cual puede conducir naturalmente a un mayor riesgo o fatiga.

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Qué hacer durante tu Yakudoshi

Para quienes se sienten inquietos al entrar en un año de yakudoshi, acudir a un santuario o templo para realizar un ritual es una respuesta común. Estas prácticas se dividen en tres categorías estrechamente relacionadas, pero distintas.

El Yakubarai, realizado habitualmente en santuarios sintoístas, consiste en un rito de purificación para disipar el infortunio que ya ha llegado. El Yakuyoke, asociado más comúnmente con los templos budistas, se centra en la oración y la protección para evitar que la mala suerte se aproxime en primer lugar. El Yakuotoshi es un término más amplio que se refiere a actos simbólicos destinados a “desprenderse” de la propia desgracia, a veces a través de ofrendas rituales y otras mediante cambios deliberados en la vida.

Estas ceremonias se realizan con mayor frecuencia entre el día de Año Nuevo y el Setsubun a principios de febrero, aunque muchos templos y santuarios aceptan peticiones durante todo el año. Algunas personas eligen asistir a rituales durante los tres años del ciclo yakudoshi, mientras que otras se centran únicamente en el año principal.

Los amuletos protectores omamori suelen distribuirse tras las ceremonias de yakubarai y yakuyoke, y también pueden comprarse directamente en santuarios y templos para llevarlos consigo. La importancia del omamori no reside en el acto de obtenerlo; más bien, los amuletos sirven como recordatorios físicos para ser bondadosos y agradecidos. Ya sea desde un punto de vista espiritual o psicológico, los omamori ofrecen consuelo y tranquilidad.

Más allá de fomentar la práctica de rituales formales, los años de yakudoshi suelen tratarse como señales para bajar el ritmo y reevaluar la situación. Contrario a la creencia popular, estar en un año de yakudoshi no significa que debas evitar transiciones importantes como mudarte, cambiar de trabajo o casarte. Algunas personas incluso aceptan el yakudoshi como un “año de rol”, asumiendo deliberadamente nuevas responsabilidades para transformar el infortunio en impulso. La idea clave es la preparación: ser consciente de la salud, gestionar el estrés y evitar riesgos innecesarios.

En última instancia, la tradición del yakudoshi trata menos de predecir desastres y más de reconocer los puntos de inflexión naturales de la vida. Visto así, un año de mala suerte puede convertirse en un punto de reflexión significativo: una oportunidad para avanzar con cautela y emerger fortalecido al otro lado.

Autor: Alina Joan Ito